- Es difícil escribir ésto, sabiendo que tal vez no pueda borrarlo después para que nadie se entere del miedo que me embarga ahora, o en estos días.
Bueno todo comienza porque tengo miedo de saber que la próxima persona que muera sea yo o alguien muy cercano a mí, bueno, ojalá que sea yo. Tengo mucho miedo, esta semana me ha acosado esta idea, creo que demasiadas veces, pero no sé ni siquiera por qué. Creo que es por el estúpido sueño que ya mencione alguna vez entre estos papeles.
Solamente quiero decir que estoy consciente de que con mis actitudes he hecho sufrir a demasiada gente, ojalá sepan disculparme por ello. Quiero que sepan que todo lo he hecho porque, en ese momento, pensé que era lo mejor.
Desperté asustado por la música, me levanté y fui al living donde estaba el equipo y me di cuenta que había un niño corriendo en el comedor. Me senté en el sillón grande y apreté el botón para apagar el equipo. El equipo no se apagó. Traté de apagarlo desenchufándolo y no se apagó. Tomé los cables de los parlantes y los tiré mientras sentía que intentaban que no lo hiciera dos niños tirándome hacia atrás. Tiré unos manotazos, pero me seguían tirando la ropa, ahora tres niños. En mi desesperación, desperté.
Simbología: asustado (o susto), anuncio enfermedad o accidente. Música, situaciones desordenadas. Living (silla), incumplimiento de obligaciones y desperdicio de oportunidades; (sillón), hay importante cargo o nombramiento a futuro. Niño, cosas buenas para el futuro. Desesperación (rabia), existencia enemigo oculto que se encuentra dentro del circulo.
Conclusión: La música indica situaciones desordenadas que necesitas controlar, motivado por el susto que más adelante no logres mantener el control y que la situación toque fondo. El susto que sientes anuncia enfermedades pero en el sistema nervioso, es una advertencia, tal vez, las que ya tú intentas apaciguar la música que es la que gatilla el desorden y las niñas que son símbolos de buen augurio, se oponen a que apagues la música. Es decir, las niñas te dicen que permitas que la situación toque fondo, no sigas controlándola, y en el desastre podrás construir cosas nuevas, con la experiencia adquirida en saber analizar un enemigo oculto, conocido, intimo, que puede ser quien provoca el desorden en tu vida.
viernes, julio 23, 1999
miércoles, julio 14, 1999
Historia
Nunca pensé que lo encontraría, sentado en la arena húmeda de aquella playa, solo, como si esperara respuestas en alguna de las olas que casi llegaban a sus pies. O tal vez, simplemente, que por dentro lo mataran lentamente.
Lo había buscado toda la mañana. Quería, al menos, tratar de ayudarlo.
Sus ojos estaban perdidos en alguna parte, su mirada inundada con las lágrimas que se sumaban a las que ya estaban secas en su rostro. Sentado, abrazándose las piernas, no sé si por el frío o para creerse que estaba vivo.
Mientras me acercaba, lentamente, para poder pensar lo que diría cuando me detuviera a su lado. Ni siquiera hizo algún gesto, no me atreví a preguntarle cómo estaba, en cierta medida lo adivinaba.
Me senté junto a él. No sé cuanto tiempo pasó, un par de horas quizás, sin que él dijera algo. O que yo pensara en algo que no fuera inútil. Todo aquel silencio me desesperaba porque me hacía sentir más inútil todavía.
Después, como si nada, empezó a murmurar algo. Tuve que acercarme para poder entenderle, hablaba muchas cosas que no tenían sentido para mí.
- Un día empecé a caminar al salir del trabajo, no quería llegar a casa. Caminé y no me detuve hasta que el cansancio hizo que buscara un asiento. Así que me senté en una de esas bancas que están en el parque.
Pasaron varios días y me dieron ganas de ir otra vez. Un rato después que ya estaba sentado en el mismo asiento, ella llegó caminando rápido hasta llegar a uno de los asientos que estaba al lado de uno de los árboles. Me miró, y luego bajó su mirada, solamente la levantó cuando al irse miró por última vez el árbol.
Esa fue la primera vez que la vi, desde aquel día cada vez que podía iba al mismo parque, sólo para esperar si llegaba ella.
Parecía pensar mucho, mientras miraba aquel árbol, también venía del trabajo porque vestía formal,
... Después de todo eso, me tiro a la cama donde estaba ella, y me dice - éste no es un maldito trampolín. Yo no le tomo atención y meto mi polla en su coño mientras ella levanta la cadera para adaptarse a mis movimientos. Se aprieta los pezones con fuerza emitiendo gemidos.
Ella dice que me salga, entrecortadamente. - ¡Qué!, Gruño mientras le estoy chupando sus tensos pezones.
- ¡Que te salgas, maldita sea!
- ¡Qué mierda quieres ahora!, Le gruño nuevamente mientras hago cada vez más lentos mis empujones. Hasta que al final, me enderezo todavía con mi polla dentro. Ella pone un cojín bajo su cabeza. - Es un final muy desagradable, digo.
Ella enciende la luz y yo le amenazo con que me voy a vestir, para irme. Se pone el cojín sobre la cara y murmura algo que no alcanzo a escuchar, creo que se va a largar a llorar.
- ¡Crees que me excita tener sexo sin las debidas precauciones!, Grita casi histérica.
Me pongo el maldito condón después le tomo la cabeza por la nuca y la obligo a mirar.
- ¡Lo ves, estás contenta, ahora terminemos con ésto!...
Después me fui sin hablarle, ya estaba bastante apestado como para quedarme a tratar de entender que le pasaba.
Lo había buscado toda la mañana. Quería, al menos, tratar de ayudarlo.
Sus ojos estaban perdidos en alguna parte, su mirada inundada con las lágrimas que se sumaban a las que ya estaban secas en su rostro. Sentado, abrazándose las piernas, no sé si por el frío o para creerse que estaba vivo.
Mientras me acercaba, lentamente, para poder pensar lo que diría cuando me detuviera a su lado. Ni siquiera hizo algún gesto, no me atreví a preguntarle cómo estaba, en cierta medida lo adivinaba.
Me senté junto a él. No sé cuanto tiempo pasó, un par de horas quizás, sin que él dijera algo. O que yo pensara en algo que no fuera inútil. Todo aquel silencio me desesperaba porque me hacía sentir más inútil todavía.
Después, como si nada, empezó a murmurar algo. Tuve que acercarme para poder entenderle, hablaba muchas cosas que no tenían sentido para mí.
- Un día empecé a caminar al salir del trabajo, no quería llegar a casa. Caminé y no me detuve hasta que el cansancio hizo que buscara un asiento. Así que me senté en una de esas bancas que están en el parque.
Pasaron varios días y me dieron ganas de ir otra vez. Un rato después que ya estaba sentado en el mismo asiento, ella llegó caminando rápido hasta llegar a uno de los asientos que estaba al lado de uno de los árboles. Me miró, y luego bajó su mirada, solamente la levantó cuando al irse miró por última vez el árbol.
Esa fue la primera vez que la vi, desde aquel día cada vez que podía iba al mismo parque, sólo para esperar si llegaba ella.
Parecía pensar mucho, mientras miraba aquel árbol, también venía del trabajo porque vestía formal,
... Después de todo eso, me tiro a la cama donde estaba ella, y me dice - éste no es un maldito trampolín. Yo no le tomo atención y meto mi polla en su coño mientras ella levanta la cadera para adaptarse a mis movimientos. Se aprieta los pezones con fuerza emitiendo gemidos.
Ella dice que me salga, entrecortadamente. - ¡Qué!, Gruño mientras le estoy chupando sus tensos pezones.
- ¡Que te salgas, maldita sea!
- ¡Qué mierda quieres ahora!, Le gruño nuevamente mientras hago cada vez más lentos mis empujones. Hasta que al final, me enderezo todavía con mi polla dentro. Ella pone un cojín bajo su cabeza. - Es un final muy desagradable, digo.
Ella enciende la luz y yo le amenazo con que me voy a vestir, para irme. Se pone el cojín sobre la cara y murmura algo que no alcanzo a escuchar, creo que se va a largar a llorar.
- ¡Crees que me excita tener sexo sin las debidas precauciones!, Grita casi histérica.
Me pongo el maldito condón después le tomo la cabeza por la nuca y la obligo a mirar.
- ¡Lo ves, estás contenta, ahora terminemos con ésto!...
Después me fui sin hablarle, ya estaba bastante apestado como para quedarme a tratar de entender que le pasaba.
miércoles, julio 07, 1999
Siete de julio
Hoy es siete de julio. Hoy está de cumpleaños la Toya, mi abuela, siempre lo recuerdo, como también recuerdo que hablábamos mucho cuando me quedaba en su casa los veranos.
Lo malo de todos estos recuerdos es que también, inevitablemente, recuerdo lo que pasó el ocho de julio. Ella... se me fue, mi Toya, falleció. Casi no me recuerdo, pero debe ser por las tantas veces que quise olvidar ese momento que poco a poco lo estoy logrando. Recuerdos que pasan rápidamente por mis sentidos, ¿por qué?, Bueno, porque veo imágenes, y también vuelvo a sentir la impotencia que sentí en ese momento, cuando me di cuenta que ya se me iba, no encontré las palabras que dicen algo tan simple como “te quiero Toya...”, yo me vi abandonado en un momento así, impotente, con rabia de no poder hacer nada. Quizás con rabia de no haber hecho lo que yo pensaba que se tenía que hacer en esos casos. Creo que no he mencionado que falleció de un ataque respiratorio a sus 62 años. Después que se la llevaron al hospital mis padres, me culpé de no haber hecho algo, me fui a la pieza de ella y recé como nunca lo había hecho, como nunca más volveré a hacerlo. Me inundaban las lágrimas de la rabia y el miedo que sentía en ese momento, entendí que no la volvería a ver más con vida. Traté de lavar la loza que había quedado en el comedor, pero no pude, volví al dormitorio a rogarle a dios para que me dejara despedirme de ella, tan solo quería decirle lo mucho que la amaba. Tal vez, por eso nunca más le volví a pedir algo, nunca más le tuve fe.
Al rato después llegó la Ximena, mi prima, le dije lo que había pasado así que se fue a la casa de ella a dar aviso. Después llegó mi tío Andrés, también le dije lo que paso, así que fue con mi tía al hospital.
Después de un tiempo, que no sabría decir cuanto transcurrió, llegó mi tío Andrés con mi tía Eliana, que al llegar a la puerta se largó a llorar, fue cuando el tío nos dijo “la Toya falleció”. Yo me miré con la Ximena, un silencio, y reaccioné diciéndole a la Ximena que le trajera agua a la tía.
Mi tío Andrés salió para ir a avisarles a los demás. Luego de un rato, llegaron mis padres, yo abracé a la Maggie, y el viejo nos dijo que “se murió la Toya...”. Yo ya lo sabía, pero más preocupaba mi vieja, que se me aferró como nunca lo había hecho, la llevé adentro de la casa para que tomara un poco de agua.
Me acuerdo que el Claudio llegó después de un buen rato, al entrar a la casa me miró, se acercó a mí y me abrazó fuerte y lloró en mis brazos. Yo no sé porque no lloré también, sólo atiné a abrazarlo también y nada más.
No me acuerdo lo que pasó después ese día. Tengo un vacío de lo que pasó hasta el día en que la fuimos a dejar al cementerio. Recuerdo que estaban enterrándola, yo estaba al lado de la Maggie, en un momento pensé que se iba a desmayar, pero no lo hizo, pero si empezó a preguntar que estabamos haciendo ahí. Me asusté, le dije a mi tía que viera a la Maggie, pero ella no reaccionaba, no entendía qué estabamos haciendo. Luego, en el auto devuelta ya a la casa, como que volvió en sí. Recuerdo que no lloré ese día, creo que fue porque ya no sacaba nada y ya había llorado mucho el día en que se fue. Creo que no he sentido ese dolor tan fuerte dentro.
Una noche, al tiempo después de que todo había pasado, soñé que la Toya entraba a las piezas y prendía la luz de la mía, yo al despertar por la luz y al verla me acerqué, le pregunté cómo estaba (en el sueño yo sabía que había fallecido), ella respondía que estaba bien pero que lamentaba haberse embarrado las medias y el vestido blanco que traía puesto (esa noche había llovido). Yo le volvía a preguntar si estaba bien en donde estaba, ella me respondía que no me preocupara, que ahora estaba super bien. No recuerdo más de ese sueño, pero si soñé varias veces más con ella en los meses que siguieron.
Recuerdo que le prometí ir a verla por lo menos una vez al mes, pero de apoco fui rompiendo mi promesa, ahora último hace como tres meses que ya no voy. Me da lata porque no me gusta romper con mis promesas, pero me contento con que ella sabe que me acuerdo todavía de ella más o menos seguido.
Lo malo de todos estos recuerdos es que también, inevitablemente, recuerdo lo que pasó el ocho de julio. Ella... se me fue, mi Toya, falleció. Casi no me recuerdo, pero debe ser por las tantas veces que quise olvidar ese momento que poco a poco lo estoy logrando. Recuerdos que pasan rápidamente por mis sentidos, ¿por qué?, Bueno, porque veo imágenes, y también vuelvo a sentir la impotencia que sentí en ese momento, cuando me di cuenta que ya se me iba, no encontré las palabras que dicen algo tan simple como “te quiero Toya...”, yo me vi abandonado en un momento así, impotente, con rabia de no poder hacer nada. Quizás con rabia de no haber hecho lo que yo pensaba que se tenía que hacer en esos casos. Creo que no he mencionado que falleció de un ataque respiratorio a sus 62 años. Después que se la llevaron al hospital mis padres, me culpé de no haber hecho algo, me fui a la pieza de ella y recé como nunca lo había hecho, como nunca más volveré a hacerlo. Me inundaban las lágrimas de la rabia y el miedo que sentía en ese momento, entendí que no la volvería a ver más con vida. Traté de lavar la loza que había quedado en el comedor, pero no pude, volví al dormitorio a rogarle a dios para que me dejara despedirme de ella, tan solo quería decirle lo mucho que la amaba. Tal vez, por eso nunca más le volví a pedir algo, nunca más le tuve fe.
Al rato después llegó la Ximena, mi prima, le dije lo que había pasado así que se fue a la casa de ella a dar aviso. Después llegó mi tío Andrés, también le dije lo que paso, así que fue con mi tía al hospital.
Después de un tiempo, que no sabría decir cuanto transcurrió, llegó mi tío Andrés con mi tía Eliana, que al llegar a la puerta se largó a llorar, fue cuando el tío nos dijo “la Toya falleció”. Yo me miré con la Ximena, un silencio, y reaccioné diciéndole a la Ximena que le trajera agua a la tía.
Mi tío Andrés salió para ir a avisarles a los demás. Luego de un rato, llegaron mis padres, yo abracé a la Maggie, y el viejo nos dijo que “se murió la Toya...”. Yo ya lo sabía, pero más preocupaba mi vieja, que se me aferró como nunca lo había hecho, la llevé adentro de la casa para que tomara un poco de agua.
Me acuerdo que el Claudio llegó después de un buen rato, al entrar a la casa me miró, se acercó a mí y me abrazó fuerte y lloró en mis brazos. Yo no sé porque no lloré también, sólo atiné a abrazarlo también y nada más.
No me acuerdo lo que pasó después ese día. Tengo un vacío de lo que pasó hasta el día en que la fuimos a dejar al cementerio. Recuerdo que estaban enterrándola, yo estaba al lado de la Maggie, en un momento pensé que se iba a desmayar, pero no lo hizo, pero si empezó a preguntar que estabamos haciendo ahí. Me asusté, le dije a mi tía que viera a la Maggie, pero ella no reaccionaba, no entendía qué estabamos haciendo. Luego, en el auto devuelta ya a la casa, como que volvió en sí. Recuerdo que no lloré ese día, creo que fue porque ya no sacaba nada y ya había llorado mucho el día en que se fue. Creo que no he sentido ese dolor tan fuerte dentro.
Una noche, al tiempo después de que todo había pasado, soñé que la Toya entraba a las piezas y prendía la luz de la mía, yo al despertar por la luz y al verla me acerqué, le pregunté cómo estaba (en el sueño yo sabía que había fallecido), ella respondía que estaba bien pero que lamentaba haberse embarrado las medias y el vestido blanco que traía puesto (esa noche había llovido). Yo le volvía a preguntar si estaba bien en donde estaba, ella me respondía que no me preocupara, que ahora estaba super bien. No recuerdo más de ese sueño, pero si soñé varias veces más con ella en los meses que siguieron.
Recuerdo que le prometí ir a verla por lo menos una vez al mes, pero de apoco fui rompiendo mi promesa, ahora último hace como tres meses que ya no voy. Me da lata porque no me gusta romper con mis promesas, pero me contento con que ella sabe que me acuerdo todavía de ella más o menos seguido.
miércoles, abril 07, 1999
En la carretera
Llueve, persiste hasta molestar, el viento la hace sentir más fuerte. La noche cayó mientras estamos en esta carretera. De vez en cuando pasan autos en sentido contrario al de nosotros. Las luces acercándose se ven más intensas por la oscuridad. A veces, no me dejan ver. Aquello me asusta, creo que también a los demás.
Miro la carretera, es lo único que se puede ver en la oscuridad, salpicada con agua en los vidrios empañados por mi aliento. Con temor digo que no veo la carretera, las luces ya no iluminan el pavimento. Tampoco puedo ver las luces de los otros autos corriendo a mí alrededor, no se puede ver nada.
No sé dónde estoy, pero, tengo la sensación de ir cayendo ya en el aire. Es primera vez que tengo miedo, ese que sabes que vas a recordar por mucho tiempo, ese que tal vez tienes en pesadillas en donde sientes exactamente el mismo miedo que sentiste en ese instante.
Entre la lluvia, se acerca una luz en sentido contrario. Ya la pasamos, casi no la alcancé a mirar, creo que solamente vi las luces pero no el auto. El miedo se vuelve molesto, no me gusta esta sensación, trato de cerrar los ojos y encender mi walkman a todo volumen para no sentir el ruido en el techo del auto, parece que la lluvia estuviera empecinada en darnos a conocer que todavía está sobre nosotros. Con los ojos cerrados sigo viendo la lluvia que hace que ya no vea la carretera, y la sensación de miedo se apodera de mí hasta que estoy obligado a abrirlos de nuevo mientras tiro unas maldiciones al aire. Me arrepiento de haber venido, antes de salir no estaba muy convencido de salir, nunca lo hago, pero me dije -¿qué mal me va a hacer?-. Creo que no quería sentir lo que ahora...
Miro la carretera, es lo único que se puede ver en la oscuridad, salpicada con agua en los vidrios empañados por mi aliento. Con temor digo que no veo la carretera, las luces ya no iluminan el pavimento. Tampoco puedo ver las luces de los otros autos corriendo a mí alrededor, no se puede ver nada.
No sé dónde estoy, pero, tengo la sensación de ir cayendo ya en el aire. Es primera vez que tengo miedo, ese que sabes que vas a recordar por mucho tiempo, ese que tal vez tienes en pesadillas en donde sientes exactamente el mismo miedo que sentiste en ese instante.
Entre la lluvia, se acerca una luz en sentido contrario. Ya la pasamos, casi no la alcancé a mirar, creo que solamente vi las luces pero no el auto. El miedo se vuelve molesto, no me gusta esta sensación, trato de cerrar los ojos y encender mi walkman a todo volumen para no sentir el ruido en el techo del auto, parece que la lluvia estuviera empecinada en darnos a conocer que todavía está sobre nosotros. Con los ojos cerrados sigo viendo la lluvia que hace que ya no vea la carretera, y la sensación de miedo se apodera de mí hasta que estoy obligado a abrirlos de nuevo mientras tiro unas maldiciones al aire. Me arrepiento de haber venido, antes de salir no estaba muy convencido de salir, nunca lo hago, pero me dije -¿qué mal me va a hacer?-. Creo que no quería sentir lo que ahora...
domingo, febrero 21, 1999
De nuevo...
Hoy, como si nada, me dio por escribir de nuevo. Creo que las ganas de decir algunas cosas han hecho que empiece a botar por mis dedos lo que siento. Trato de agudizar los sentidos, cerrar los ojos y escuchar el poco silencio que se esconde detrás de los ruidos que están flotando en el aire. Empiezo a concentrarme para relajar el cuerpo, que se encarga de darme a conocer que está más tenso de lo que creía, para luego solamente dejar que se vaya todo.
Casi no hablo. Creo que levemente me he convertido en un autista. Creo que ya no solamente me dejo envolver por el aire, por los sonidos, y de vez en cuando reaccionar a algo que pasa cerca de mí. Si no que también, últimamente, me siento relativamente bien con tan solo eso.
El sentimiento de soledad se esmera en estar conmigo, hace que sienta tanto frío que, a veces, creo que ya no volveré a sentir calor. Ese calor que entibia el corazón, que quema el alma, y que a pesar de todo da placer...
Casi no hablo. Creo que levemente me he convertido en un autista. Creo que ya no solamente me dejo envolver por el aire, por los sonidos, y de vez en cuando reaccionar a algo que pasa cerca de mí. Si no que también, últimamente, me siento relativamente bien con tan solo eso.
El sentimiento de soledad se esmera en estar conmigo, hace que sienta tanto frío que, a veces, creo que ya no volveré a sentir calor. Ese calor que entibia el corazón, que quema el alma, y que a pesar de todo da placer...
lunes, octubre 12, 1998
Un sueño
Estaba en un liceo, era como una sala grande en que estaba un curso sentado en bancos individuales, lo sabía porque estaban todos uniformados, las niñas con blusa blanca y falda gris y los muchachos con pantalones negros y camisa blanca. Estaba buscando una sala con alguien que parecía mi compañero, él entró a una de las salas que estaba en una de las puertas que rodeaba esta sala, yo no quise entrar, él abrió la puerta y se encontró con la sorpresa de que eran sólo niñas, pero sólo se dio cuenta cuando ya estaba dentro de la sala y lo empezaron a molestar. Yo estaba afuera riéndome y moviendo la cabeza asintiendo lo tonto que era él mientras le cerraba la puerta a su espalda. Dentro de la sala se sentía como lo molestaban y que le pedían besos o cosas por el estilo.
Yo seguí caminando rodeando la sala grande y miré a unas niñas que estaban sentadas y que también me miraron, para que no me dijeran algo abrí una puerta de vidrio de derecha a izquierda, era de corredera, que estaba a mi lado y cuando me disponía a entrar me di cuenta que era una sala chica de esas para conserje, esos que hacen aseo, porque habían traperos, ceras, paños sucios, y cosas así, las niñas que estaban allí se rieron y yo también mientras le decía - eso me pasa por reírme de mi compañero, ellas me dijeron que sí.
En eso aparece un profesor que mira donde estoy parado y grita - ¡qué está pasando ahí! -, yo me agacho y tomo un cuaderno de las niñas y hago como que estoy escribiendo, se acerca un poco y me dijo - usted joven salga de aquí -. Yo le respondí que yo no estaba haciendo nada y él me dijo de nuevo que saliera. Le entregué el cuaderno y el lápiz a la niña y ella me dijo - No me anotó tu número de teléfono. Yo le respondí que no pensaba que lo quisiera, entonces me devolvió el cuaderno para que lo escribiera y el viejo me volvió a decir que me apurara en salir. Yo le dije a la niña que después se lo daba porque sino la podrían retar a ella también, que me lo pidiera afuera en el recreo si me veía, ella me mira con un poco de desilusión creo, mientras iba saliendo le decía que yo la iba a esperar para dárselo, en eso mi compañero estaba recién saliendo de la sala mientras le tiraban cosas.
No sé cómo me caí, creo que me tropecé la cosa que estaba en el suelo, estaba semi inconsciente pero mientras me reponía me di cuenta que estaba sobre mi lado izquierdo y también que estaba rodeado por personas y por un joven que parecía médico, por lo menos estaba con un delantal blanco. Y le pregunté que me había pasado, y él me respondió que - ¡Vas a tener una guagua!, - ¡Qué!, Le respondí extrañado, mientras me miro la panza porque me había desabrochado la camisa el médico, y le digo - ¿Cómo, si no se me nota?.
Al parecer no me extrañó que yo, siendo hombre, iba a tener una guagua, lo que me extrañaba era que no se me había notado. En eso me da un gran dolor en todo el cuerpo, inmediatamente el médico me baja los pantalones mientras me decía que iba a nacer en ese momento. ¡Qué!, Le respondo nuevamente casi desesperado. Lo veo tirarse las mangas del delantal hacia arriba y me mete la mano por atrás. Siento la sensación de la mano dentro de mí, y luego mete casi completo el brazo, después de un momento lo empieza a sacar... ¡Desperté!
Yo seguí caminando rodeando la sala grande y miré a unas niñas que estaban sentadas y que también me miraron, para que no me dijeran algo abrí una puerta de vidrio de derecha a izquierda, era de corredera, que estaba a mi lado y cuando me disponía a entrar me di cuenta que era una sala chica de esas para conserje, esos que hacen aseo, porque habían traperos, ceras, paños sucios, y cosas así, las niñas que estaban allí se rieron y yo también mientras le decía - eso me pasa por reírme de mi compañero, ellas me dijeron que sí.
En eso aparece un profesor que mira donde estoy parado y grita - ¡qué está pasando ahí! -, yo me agacho y tomo un cuaderno de las niñas y hago como que estoy escribiendo, se acerca un poco y me dijo - usted joven salga de aquí -. Yo le respondí que yo no estaba haciendo nada y él me dijo de nuevo que saliera. Le entregué el cuaderno y el lápiz a la niña y ella me dijo - No me anotó tu número de teléfono. Yo le respondí que no pensaba que lo quisiera, entonces me devolvió el cuaderno para que lo escribiera y el viejo me volvió a decir que me apurara en salir. Yo le dije a la niña que después se lo daba porque sino la podrían retar a ella también, que me lo pidiera afuera en el recreo si me veía, ella me mira con un poco de desilusión creo, mientras iba saliendo le decía que yo la iba a esperar para dárselo, en eso mi compañero estaba recién saliendo de la sala mientras le tiraban cosas.
No sé cómo me caí, creo que me tropecé la cosa que estaba en el suelo, estaba semi inconsciente pero mientras me reponía me di cuenta que estaba sobre mi lado izquierdo y también que estaba rodeado por personas y por un joven que parecía médico, por lo menos estaba con un delantal blanco. Y le pregunté que me había pasado, y él me respondió que - ¡Vas a tener una guagua!, - ¡Qué!, Le respondí extrañado, mientras me miro la panza porque me había desabrochado la camisa el médico, y le digo - ¿Cómo, si no se me nota?.
Al parecer no me extrañó que yo, siendo hombre, iba a tener una guagua, lo que me extrañaba era que no se me había notado. En eso me da un gran dolor en todo el cuerpo, inmediatamente el médico me baja los pantalones mientras me decía que iba a nacer en ese momento. ¡Qué!, Le respondo nuevamente casi desesperado. Lo veo tirarse las mangas del delantal hacia arriba y me mete la mano por atrás. Siento la sensación de la mano dentro de mí, y luego mete casi completo el brazo, después de un momento lo empieza a sacar... ¡Desperté!
domingo, octubre 04, 1998
Mi walkman y yo
El teléfono, la tv, la pared, mire a todos lados a mí alrededor y todavía no entiendo nada. Tener todo, todo y no lo quiero, no quiero nada. Por lo menos esta vez, voy a tratar de poner un poco de plata en el banco, para largarme y así no tener que esperar el estar solo para poder llorar tranquilo, que no me moleste la presencia de los demás, de nadie.
Sólo quiero largarme y no sé adónde, mucho de todo ésto está en mis ganas de hacerlo, y al final, como siempre, como muchos, no hago nada para que cambie. Yo, me estoy muriendo por dentro, siento que me explota el pecho. Una angustia que me está matando, y que a pesar de lo mal que me siento puedo cínicamente hacer como si nada me pasara. Puedo mentirles a los demás, que sólo es por un dolor de cabeza y nada más...
Creo que en este sillón lloraré simplemente como un estúpido, tratando de convencerme que me puedo desahogar, que puede salir de mi mente toda la basura que tengo dentro. Por momentos, me siento un poco mejor, y siento un poco de tranquilidad entre los sollozos que se alargan más de lo que esperaba.
Quisiera caminar lejos, creo que es lo que voy hacer ahora mismo. Salgo a la puerta que da a la calle y miro a los dos lados como para decidir a que lado ir. Pero esta decisión me está tomando demasiado tiempo y me empiezo a desesperar. Cierro los ojos para no pensar en ello y caminar hacia el lado que mire primero, los pies van donde miro primero y hago lo mismo el resto del gran paseo que estoy dando. Antes de salir había sacado mi walkman del velador junto con unas cintas que todavía no sé de qué son. Una de ellas es de unas grabaciones que hice de la radio en el mismo walkman, y la otra de unas selecciones que hice de mis cassettes originales, creo que tiene un poco de Nirvana en umpluged (como para subir el ánimo), mucho de los Depeche Mode, y para variar, algunas de las canciones lentas de Prince, que encuentro geniales y que por cierto todavía no traduzco.
Cuando me doy cuenta estoy llegando a la que llaman ahora Centro cultural Mapocho y que hace mucho tiempo atrás no era más que una estación de trenes. Creo que llevo caminando un poco menos de una hora porque camino más o menos rápido, eso lo sé porque en recorrer esta distancia el micro se demora cerca de veinte minutos. El ruido empieza a molestarme, y aquí es demasiado, así que camino por una de las orillas del gran río que parte esta ciudad, y aunque ya veo venir que finalmente voy a terminar acostado en el pasto del parque Forestal, no lo evito...
Aquí recostado, mirando las ramas de los árboles que casi ya no tienen hojas porque las van dejando caer sobre el pasto seco. Es un poco incomodo el estar aquí, en verano parece que no molestara el pasto bajo el cuerpo. Aún así, me quedo un buen rato, creo que todo sería mejor si me enterrara bajo el pasto.
Al despertar, con el walkman a todo volumen tocando Everybody Hurt de los REM, me estiro sobre el pasto y suena por lo seco que está. Unas lágrimas secas me molestan en la cara y me las limpio rogando que no quede manchada como cuando las minas se ponen llorar y les queda todo corrido el maquillaje.
Caminando de un lado a otro. Las calles parecen todas iguales, las calles llevan a algún lado. Solamente que quisiera saber, ¿a dónde lleva ésta?.
Paro en alguna esquina cuando el semáforo ilumina el rojo. Mientras espero, me parece verme convertido en una hormiga tratando de cruzar la avenida antes de que la luz del semáforo cambie de color.
La gente empieza a empujarme casi atropellándome cuando la luz cambia a verde, estaba estorbando la carrera contra el tiempo, las personas vagan por ellas sin ver a nadie, no sé por qué me quejo, si tampoco me importan. Así que, vuelvo a caminar, doy algunos pasos y me siento perdido, pienso en lo que había imaginado y me pregunto si lo hubiera logrado. Después de todo lo que importa es el aquí y el ahora. Hay que vivirlo porque después no importará. Total, nuestra existencia peligra por la destrucción ambiental, ahora tomar un baño de sol es tan arriesgado como el sexo sin protección. Al final, eres un perdedor y no te das cuenta, no tienes nada que perder porque eres pobre, vives con tus viejos, trabajas extra para pagar las deudas que te dejan el montón de tarjetas de crédito que tienes. La vida es solamente inconformismo, trato de sobrevivir en un mundo que no lo permite. O tal vez, ¿será que yo no lo permito? Quizás, me quiero morir y no me doy cuenta...
Sólo quiero largarme y no sé adónde, mucho de todo ésto está en mis ganas de hacerlo, y al final, como siempre, como muchos, no hago nada para que cambie. Yo, me estoy muriendo por dentro, siento que me explota el pecho. Una angustia que me está matando, y que a pesar de lo mal que me siento puedo cínicamente hacer como si nada me pasara. Puedo mentirles a los demás, que sólo es por un dolor de cabeza y nada más...
Creo que en este sillón lloraré simplemente como un estúpido, tratando de convencerme que me puedo desahogar, que puede salir de mi mente toda la basura que tengo dentro. Por momentos, me siento un poco mejor, y siento un poco de tranquilidad entre los sollozos que se alargan más de lo que esperaba.
Quisiera caminar lejos, creo que es lo que voy hacer ahora mismo. Salgo a la puerta que da a la calle y miro a los dos lados como para decidir a que lado ir. Pero esta decisión me está tomando demasiado tiempo y me empiezo a desesperar. Cierro los ojos para no pensar en ello y caminar hacia el lado que mire primero, los pies van donde miro primero y hago lo mismo el resto del gran paseo que estoy dando. Antes de salir había sacado mi walkman del velador junto con unas cintas que todavía no sé de qué son. Una de ellas es de unas grabaciones que hice de la radio en el mismo walkman, y la otra de unas selecciones que hice de mis cassettes originales, creo que tiene un poco de Nirvana en umpluged (como para subir el ánimo), mucho de los Depeche Mode, y para variar, algunas de las canciones lentas de Prince, que encuentro geniales y que por cierto todavía no traduzco.
Cuando me doy cuenta estoy llegando a la que llaman ahora Centro cultural Mapocho y que hace mucho tiempo atrás no era más que una estación de trenes. Creo que llevo caminando un poco menos de una hora porque camino más o menos rápido, eso lo sé porque en recorrer esta distancia el micro se demora cerca de veinte minutos. El ruido empieza a molestarme, y aquí es demasiado, así que camino por una de las orillas del gran río que parte esta ciudad, y aunque ya veo venir que finalmente voy a terminar acostado en el pasto del parque Forestal, no lo evito...
Aquí recostado, mirando las ramas de los árboles que casi ya no tienen hojas porque las van dejando caer sobre el pasto seco. Es un poco incomodo el estar aquí, en verano parece que no molestara el pasto bajo el cuerpo. Aún así, me quedo un buen rato, creo que todo sería mejor si me enterrara bajo el pasto.
Al despertar, con el walkman a todo volumen tocando Everybody Hurt de los REM, me estiro sobre el pasto y suena por lo seco que está. Unas lágrimas secas me molestan en la cara y me las limpio rogando que no quede manchada como cuando las minas se ponen llorar y les queda todo corrido el maquillaje.
Caminando de un lado a otro. Las calles parecen todas iguales, las calles llevan a algún lado. Solamente que quisiera saber, ¿a dónde lleva ésta?.
Paro en alguna esquina cuando el semáforo ilumina el rojo. Mientras espero, me parece verme convertido en una hormiga tratando de cruzar la avenida antes de que la luz del semáforo cambie de color.
La gente empieza a empujarme casi atropellándome cuando la luz cambia a verde, estaba estorbando la carrera contra el tiempo, las personas vagan por ellas sin ver a nadie, no sé por qué me quejo, si tampoco me importan. Así que, vuelvo a caminar, doy algunos pasos y me siento perdido, pienso en lo que había imaginado y me pregunto si lo hubiera logrado. Después de todo lo que importa es el aquí y el ahora. Hay que vivirlo porque después no importará. Total, nuestra existencia peligra por la destrucción ambiental, ahora tomar un baño de sol es tan arriesgado como el sexo sin protección. Al final, eres un perdedor y no te das cuenta, no tienes nada que perder porque eres pobre, vives con tus viejos, trabajas extra para pagar las deudas que te dejan el montón de tarjetas de crédito que tienes. La vida es solamente inconformismo, trato de sobrevivir en un mundo que no lo permite. O tal vez, ¿será que yo no lo permito? Quizás, me quiero morir y no me doy cuenta...
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